sábado 13 de marzo de 2010

Oscura Eternidad 4


Capítulo 3:
Oportunidad
(primera parte)

Lo sabía. Aquello no auguraba nada bueno.

Moira se retorcía las manos con nerviosismo mientras esperaba sentada en el banco de madera que había junto al departamento de historia. Una puerta se abrió en ese largo pasillo de puertas de caoba que daban a los departamentos de las diferentes asignaturas que se impartían en el centro. De ella salió Mrs Dean, cargada con pesados diccionarios y un radiocasete en equilibro sobre ellos. Al pasar a su lado la miró con desagrado y continuó su camino con la cabeza bien alta. Moria se empequeñeció en su asiento y se preparó para lo peor. ¿Qué le habría contado esa bruja a Don Rodrigo esta vez?

La puerta del departamento de historia se abrió y varios profesores de historia salieron hablando animadamente, como críos. Moira recogió su mochila y se acercó a la puerta entreabierta. En el departamento quedaban dos profesores charlando. Uno de ellos era Don Rodrigo, el cual la vio cuando se asomó.

-Venga, Martín, nos vemos después de clase, que me esperan –dijo Don Rodrigo con su grave voz.

El susodicho Martín, un profesor que debía de haber entrado en la cuarentena hacía poco, recogió sus papeles y salió del departamento despidiéndose.

Moira se quedó en el umbral de la puerta hasta que Don Rodrigo la hizo entrar y la invitó a sentarse en una de las sillas desocupadas. Estaba caliente, signo de que alguien se había sentado hacía poco. Don Rodrigo se puso a ordenar sus papeles en silencio, paseándose por todo el departamento y guardándolos en diferentes lugares. Moira aguardó en silencio, retorciéndose de nuevo las manos con nerviosismo.

-Supongo que ya sabes por qué te he hecho llamar –dijo Don Rodrigo de repente, sin levantar la vista de sus papeles.

-Sí –fue lo único que Moira pudo decir sin perder la compostura.

-Y ya sabes lo que hablamos la última vez –añadió Don Rodrigo ocupando la silla de enfrente y devolviéndole su atención-. ¿Debería cumplir con lo dije?

-Yo… preferiría que no –confesó Moira bajando la mirada.

-Esta vez Ursule –dijo llamando por su nombre de pila a Mrs Dean- no me ha traído ningún escrito, ¿qué hizo con el papel?

-Lo tiró a la papelera –contestó Moira.

-¿Y lo dejaste ahí?

-No, pero luego lo tiré yo a un contenedor, así que ya no lo tengo.

-Tal vez no debería decirlo, pero es una pena.

Moira levantó la mirada. Don Rodrigo la miraba pensativo con las manos entrelazadas sobre sus papeles.

-Mira, Moira, no puedo seguir protegiéndote, no es justo para con tus compañeros. Un trato es un trato y parece que tú no estás dispuesta a cumplirlo.

Moira no dijo nada. Volvió a bajar la mirada, no podía mirar a Don Rodrigo a la cara.

-Sin embargo, también es nuestro deber promover este tipo de actividades, como son la lectura y la redacción, entre nuestros alumnos, y sería una ironía que te castigara por ello. Así que vamos a hacer otro trato –dijo de repente Don Rodrigo.

Moira alzó la mirada en el acto, atónita. ¿Estaba oyendo bien? ¿Le estaba ofreciendo una oportunidad? ¿Otra? ¿Después de haberlo decepcionado?

-Tampoco me mires así, que no estoy haciendo milagros –dijo con sorna-. Eso sí, esta es la última oportunidad que tienes y si esta vez no cumples con tu parte, se acabó. Se acabó para siempre.

Don Rodrigo sacó su maletín de cuero de debajo de la mesa y abrió los cierres. De dentro sacó una carpeta verde pálido, que dejó sobre la mesa antes de volver a echar el maletín al suelo. La cogió entres sus manos y sacó un par de hojas de papel blanco que le pasó a Moira sobre la mesa. La chica las cogió y leyó el encabezado de la primera de ellas. Aquello sí que era increíble.

-Puedes leer lo que pone en voz alta –le pidió Don Rodrigo.

Moira se aclaró la garganta y se apresuró a hacerlo. La hoja rezaba:

-Décimo Tercer Concurso de Novela Juvenil para Jóvenes Soledad Puértolas. Convocatoria del año dos mil…

-Si bueno, el resto te lo imaginas –le cortó Don Rodrigo-. Se trata de un concurso de talla nacional para jóvenes promesas de la literatura. Tú escribes un libro, lo envías y, si ganas, la editorial que organiza el concurso te lo publica y te lo promociona. Pero no todo el mundo puede presentarse. En las bases del concurso se estipulan que los concursantes han de presentar sus obras a través del centro de estudios en que están matriculados y, éste, ha de hacer una primera criba para presentar únicamente un número de trabajos. Como te puedes imaginar, aquí no habrá mucha gente que se presente, pero para que tú puedas hacerlo necesitas el permiso del instituto. Me imagino que ya sabes por dónde voy.

-Sí –asintió Moira-, que no me dejaréis participar si dejo de escribir en clase.

-Efectivamente. La convocatoria termina a mediados de la tercera evaluación. Si para entonces tienes escrito todo un libro y has dado muestras de atender en clase, podrás presentarte. Si no, bueno, pues no te sellaremos el permiso.

Moira contempló los folios que tenía sobre las manos. Nunca se había planteado publicar un libro, no digamos ya escribirlo. Ella era una persona más bien inconstante y apenas sí conseguía tener la perseverancia suficiente como para terminar un relato de pocas páginas. Sin embargo, aquella oportunidad era única y… ¡Qué demonios! Si era capaz de escribir un relato, ¿por qué no un libro? Al fin y al cabo, tan sólo tenía que alargar un poco la historia con un par de descripciones y algún personaje más para retrasar el final. Sería pan comido. Ganar el concurso ya sería otra cosa, pero... ¿por qué no iba a hacerlo? La gente que se presentara tampoco sería mucho más buena que ella. Y si ganaba, entonces…

-La segunda hoja que te he dado es un impreso para que lo rellene tu madre –dijo Don Rodrigo de repente, interrumpiendo sus ensoñaciones-. Es para que consienta que participes en el concurso, pero no hace falta que la rellene todavía, aún queda tiempo. ¿Qué te parece? ¿Hay trato?

Tuvo que contenerse para no echarse a reír a pleno pulmón. Como si hubiese algo en la silla, Moira se puso de pie de un salto.

-Si, hay trato, claro –dijo aguantándose las ganas de gritar.

-Muy bien, pues ya puedes volver a clase –dijo Don Rodrigo volviendo a sus papeles y centrando su atención en ellos-, pero recuerda lo que hemos hablando: no más relatos en clase.

Moira apenas oyó estas últimas palabras. Salió del departamento de historia como una bala, agarrando su mochila por un asa y estrujando las bases del concurso con la otra. Casi se calló al pisar un suelo recién fregado, pero siguió adelante, haciendo oídos sordos de las protestas de la limpiadora. Salió al patio, desierto a estas horas, y se echó a reír con ganas, dando saltos de emoción. La euforia recorría su cuerpo, dándole ganas de correr, saltar, reír y gritar. Gritar a los cuatro vientos que iba a ganar un concurso de escritura y que le iban a publicar un libro. Que iba a hacer algo que ninguno de sus compañeros ni de los demás jóvenes de la ciudad, o puede que de buena parte del país, podría hacer jamás: iban a publicarle una novela con sólo dieciséis años.

Con un sprint final, Moira llegó al lado opuesto del patio y cruzó las puertas de cristal que conducían hacia el área de las clases. Sus pasos resonaban en los pasillos desiertos y tuvo que morderse el labio para no soltar una carcajada. Las voces de los diferentes profesores se oían en el pasillo, amortiguadas por las puertas de madera cerradas. En algunas clases, era el griterío de los alumnos descontrolados, más que la explicación del profesor, lo que se hacía notar y, en un caso, oyó la voz robótica del radiocasete de Mrs Dean escupiendo palabras al azar que pretendían tener una pronunciación puramente inglesa. Moira se sentó en un maltratado banco lleno de pintadas que había junto al aula trece, su clase. Desde el primer día de curso, le había dado mal rollo estar en la clase número trece, sin embargo, por una vez, no iba a amargarse pensando en la mala suerte que tenía. No, por una vez, el número trece le sonreía desde el dintel de la puerta. Y, pensándolo bien, el tres metálico estaba apunto de caerse y, cualquier día, algún gamberro lo arrancaría de cuajo, así que sólo quedaría el uno. El primer puesto, como el que esperaba… no, el que tendría en el concurso.

¡¡¡RIIINNNNGG!!

 
 
 
El blog se encuentra en proceso de renovación, pero voy a seguir colgando la blognovela y algunas reseñas más mientras tanto.
Hasta más ver.
Ade*

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